Una de las facetas que más me atraen de mi profesión es la identidad institucional. Si hay algo que, como ciudadanos, debemos cuidar, esas son nuestras instituciones democráticas. Hay instituciones que están claramente politizadas, y los gobiernos (a todos los niveles) son un buen ejemplo, pero los parlamentos son la representación de todos. Aunque muchas veces los representantes que ocupan sus asientos actúen de manera un tanto inadecuada, el organismo en sí no tiene la culpa y es nuestro deber conservarlo y legarlo a las generaciones del futuro como el foro de discusión más importante en una democracia. Los políticos y políticas pasarán, pero las instituciones perdurarán.
En lo que aquí atañe, a su identidad visual, las diferentes cámaras autonómicas del Estado han actuado de forma diversa. He hecho una clasificación de 4 grupos:
El último grupo es el que menos cumple su función identificativa; las identidades se podrían intercambiar porque todas utilizan un lenguaje visual muy parecido.
No es este el lugar para entrar a valorar en profundidad cada una de estas identidades, pero creo que sí es necesario reflexionar sobre el hecho de que las que mejor funcionan son las que han puesto el trabajo en manos de un profesional. Evidentemente, la identidad visual de un parlamento va más allá del logo y se debe expandir por diversos ámbitos, los que sean necesarios para una óptima difusión, como, por ejemplo, la página web y las redes sociales.
En el caso de la Asamblea de la Comunidad de Madrid, creo que es necesaria la renovación de su identidad visual principalmente porque la actual es demasiado convencional, entra en el grupo de las regiones que han optado por usar una sección circular y todas ellas son muy similares. Una identidad debe tener cierto grado de singularidad. Por otro lado, es cierto que hace unos años se hizo un esfuerzo por crear un sistema visual, que se aprecia, sobre todo en la papelería y en la página web. Pero ese esfuerzo no ha sido suficiente, porque la marca no ha conquistado mucho terreno y no ha tenido la fuerza suficiente para imponerse como identificador de la Asamblea de Madrid.
La idea, que aquí se plasma de manera somera, consistiría en crear una identidad visual corporativa con base tipográfica, en concreto basada en la tipografía Frutiger Next Pro, una reedición llevada a cabo por el gran Adrián Frutiger en el año 2000 para adaptar su tipografía a los nuevos tiempos.
La Frutiger Next sería la piedra angular sobre la que se construirían todos los elementos gráficos: símbolo, logotipo, marca, señalética, etc. Por supuesto, también funcionaría como tipografía corporativa. Sería, sin duda, un gran homenaje a uno de los maestros tipógrafos más destacados en particular, y al diseño gráfico en general, tan falto de visibilidad y respeto institucional.
El valor icónico más potente está en el símbolo, que representa tres facetas:
Sería el símbolo el que representaría la identidad corporativa en muchos ámbitos, como las redes sociales, por lo que su arquitectura está pensada para ello y funcionaría de manera óptima.
También hay que destacar el papel del color. El rojo institucional de la región funcionaría como base y luego se añadirían otros en degradado para señalar una oficina, una consejería o una actividad en concreto.
Creo que sería una buena oportunidad para dar un toque más cálido, más cercano y desenfadado a un branding institucional.